✍ ABOGADO DE IMPUESTOS A SU SERVICIO

Soy abogado de Impuestos en Madrid, Barcelona, Vigo, A Coruña y Pontevedra. Mi especialidad es defender al ciudadano frente a la Inspección de Hacienda cuando le llega la temida carta que anuncia sanción, revisión o multa.

Me gusta afirmar que la Agencia Tributaria, aunque lo parezca, no siempre tiene la razón. Os he contado en repetidas ocasiones y con datos que Hacienda también pierde y mucho.

Hoy me gustaría plantearos el mismo problema, pero desde otro punto de vista. El de la culpa. Porque si soy sincero, estoy cansado de ver a clientes asustados y con un terrible sentimiento de culpabilidad sobre sus hombros.

«Álvaro, me debo haber equivocado al presentar el Impuesto. He recibido una notificación de comprobación de valores que dice que la casa que heredé vale dos veces más».

«Me dice el inspector de Hacienda con el que he hablado que sí, que debo hacerme cargo del pago de IRPF como si la empresa fuera mía. Así les consta y no hay más que pueda hacer».

Esa sensación de «algo debo haber hecho mal» es común en 9 de cada 10 casos.

Por defecto el contribuyente parte de la base de que el fallo es suyo. Que algo habrá hecho para que Hacienda venga a por ellos.

Y es lógico, es natural esa forma de plantearse la situación si somos conscientes de cómo funciona el sistema de sanciones económicas en España.

Pongamos un ejemplo con dos casos diferentes. El primero de ellos es una violación.

Para que culpen a alguien de una violación y lo metan en la cárcel, aunque sea de forma preventiva, antes deberán demostrarlo con pruebas y hechos.

Pruebas y hechos lo suficientemente consistentes como para que un juez los tenga en cuenta y considere poner la máquina judicial en movimiento.

Para que culpen a alguien por haber engañado a Hacienda no.

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🤑 El segundo caso es económico, haber declarado en el Impuesto de Sucesiones un inmueble por un valor inferior al real.

Las pruebas, sean catastrales o de cualquier tipo, se dan por ciertas desde el principio.

Mientras averiguan si tienen razón y si se ha engañado o no, por lo pronto piden una cantidad astronómica por el presunto engaño. Luego, si al final no están en posesión de la verdad, ya devolverán ese dinero.

Si el contribuyente no puede hacer frente al pago, allá él, porque el siguiente paso será el de embargar todos sus bienes. Sea culpable o no.

Se hace de forma preventiva, por si acaso…

La presunción en los casos económicos es la de culpabilidad. Mientras que para cualquier otro delito la presunción de inocencia es un hecho.

Tampoco se tiene en cuenta la buena o la mala fe del infractor en caso de ser culpable. Los atenuantes apenas existen y el único beneficio posible parece ser el del pronto pago que conseguirá descontarte unos euros del total.

Poco se habla en España del «derecho al error» en relación con las administraciones públicas.

En países como Francia podemos ver como eso está cambiando. Hace poco más de un año, de hecho, se ha aprobado una ley para «un Estado al servicio de una sociedad de confianza» que instaura el derecho a la regularización en caso de error.

Esto es, los franceses permiten a sus ciudadanos cometer errores económico administrativos sin imponerles por ello una sanción, siempre y cuando no aprecien en ellos mala fe y dicho error no sea una reincidencia.

Así la persona que rectifica su fallo por su propia voluntad o a petición de un organismo estatal no podrá recibir ninguna pena al respecto.

Vivimos en una sociedad en la que el error de base está penalizado, quizá ahí radique la mala práctica de negar la mayor cuando se ha tomado una decisión equivocada.

En realidad, del reconocimiento del error se desprende la posibilidad de aprender y no repetirlo y, por tanto, de no culpabilizarse por la falibilidad humana.

Vaya que equivocarse no es tan malo como parece.

Ni a nivel personal ni a nivel administrativo.

Nadie quiere admitir los errores que comete y mucho menos sus fracasos. Muy poca gente lo comenta de forma pública ya que parece que lo que interesa es tener todo tipo de historias de éxito.

Las redes sociales son un claro ejemplo de ello.

Pero todo en la vida se aprende de la misma manera. Se investiga (o estudia), se prueba y se aprende a base de errores y aciertos. De hecho, la prueba y el error forman parte importante del método científico.

Se formula una teoría y se hacen experimentos para ver si es o no cierta. De los errores se aprende y a veces se aprende más que de los aciertos.

Ahora falta que esta teoría sea lo suficientemente convincente como para aplicarse a nivel administrativo en España.

La desconfianza de la Administración Tributaria hacia los contribuyentes es patológica o al menos lo parece. Sin embargo, Hacienda dista mucho de ser ejemplar en algunas de sus actuaciones y, realmente, con sus propios datos en la mano no está para dar lecciones a nadie.

Los seres humanos nos equivocamos. Los contribuyentes se equivocan, a veces, a la hora de pagar sus Impuestos, pero las administraciones también lo hacen, a veces, a la hora de cobrarlos.

Así pues, aprender a aceptar los errores no sólo como algo que es inevitable sino como algo que es incluso provechoso es fundamental en el proceso de crecer como Estado.

Lo malo no es equivocarse, sino no seguir intentándolo.

Ser sancionado «por adelantado» y sin pruebas en firme es injusto.

La culpa previa no debería existir bajo ninguna circunstancia y mucho menos por defecto.

Si estás en esa circunstancia no dudes en acudir a SAEZ.LAW.

Soy abogado de Impuestos desde hace más de 10 años y soy especialista en ganarle la partida a la Agencia Tributaria en todas esas ocasiones en las que no tiene la razón y te hacen sentir culpable por ello.

Te ayudaré a demostrar tu inocencia y aunque hayas cometido un error ese no será tu fin. Con la estrategia más acertada a nivel fiscal podrás salir indemne y redimirte. Demostraremos tu buena fe y saldremos victoriosos.

Álvaro Sáez.
Abogado de Impuestos.

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